Y tú, ¿en qué crees?

Todos tenemos una idea sobre el mundo. Todos podemos contar lo que nos parecen las cosas, con opiniones propias. En nuestras cabezas residen las teorías que tenemos sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo que nos rodea. En nuestras mentes, están todas estas creencias que han “amueblado” nuestro interior a lo largo del tiempo y que, en definitiva, nos hacen ver la vida como la vemos.

Quizá, más importante que pensar en lo que cada uno creamos (contenido de los pensamientos), es necesario saber que todos tenemos un “modelo de pensamiento” o  una “estructura de pensamiento”. Una forma de pensar. Eso que conocemos como un “optimista” o un “pesimista” o un “miedoso” son atributos que ponemos a las distintas personalidades de los demás y de nosotros. Todos vamos formando unos moldes o filtros a través de los cuales procesamos las cosas que nos pasan, tanto las que llegan desde fuera como las que circulan por dentro. Todos tenemos un diálogo interno con nosotros mismos, en el que elaboramos razonamientos y de las que sacamos conclusiones. Cada persona es un modelo de pensamiento diferente y hay tantos modelos como personas. Y de qué están hechos esos moldes mentales?

Así por ejemplo, una persona especializada en ingeniería, a la hora de solucionar un problema lo hace de manera diferente a como lo haría una maestra de primaria. Dependiendo de nuestra formación profesional, aprendemos a ver y entender las cosas según esos aprendizajes, creando así nuevos filtros. Quien tiene formación en economía y trabaja a diario en ella, tendrá más pensamientos en torno a la economía de las cosas. Quien es maestra, quizá lleve puesta esa faceta pedagógica hacia la vida a la hora de desenvolverse. La formación profesional es sólo un ejemplo tardío de cómo se va formando ese modelo de pensamiento personal a lo largo de los años. Desde que somos pequeños, vamos aprendiendo de nuestro entorno y formándonos ideas sobre las cosas a través de los criterios de los demás. Más adelante en nuestras vidas, vamos incorporando nuestros propios aprendizajes con las distintas experiencias de las que sacamos conclusiones.

 

Realmente no hay esquemas buenos ni esquemas malos. Lo que hay, son esquemas diferentes que ofrecen resultados diferentes. Aquellos esquemas que nos hacen ver la vida con miedo o desde la amenaza, nos llevarán a estar en un estado de alerta constante (ansiedad anticipatoria), puesto que nuestros pensamientos irán guiados por esas creencias de que las cosas son peligrosas en la vida y que algo malo puede pasarnos. Aquellos esquemas en personas que ven las cosas con “optimismo”, anticiparán buenos escenarios futuros a pesar de las circunstancias, lo cual les llenará de ilusión en el presente. Todas esas creencias van dando forma a nuestro interior y a cómo interpretamos las cosas, a cómo nos tomamos la vida.

Por todo esto, es de suma importancia hacer un trabajo personal sobre cómo son nuestros propios esquemas. Poder entender cómo vemos el mundo, y de dónde vienen esos esquemas, es todo un paso hacia el crecimiento personal. A este conocimiento de uno mismo se le ha denominado “Inteligencia Intrapersonal˝ y viene a definir qué grado de conocimiento tenemos sobre nosotros mismos, sobre nuestras motivaciones y de dónde vienen éstas. Una persona con mucha inteligencia intrapersonal es aquella que, sabiendo de sus propias limitaciones y peculiaridades, aprende a tomar las “mejores decisiones” para su vida. Si bien, cada uno tenemos una definición de qué son las mejores decisiones, al final el resultado es un equilibrio vital que permite a la persona desarrollar su existencia en plenitud.

La importancia de una buena psicoterapia reside en el aprendizaje sobre nosotros mismos. Sobre cómo resolvemos los problemas que nos rodean, sobre cómo representamos e interpretamos lo que nos pasa a nosotros y a los demás. Sobre cómo nos relacionamos con los demás y sobre qué nos impulsa a hacer lo que hacemos. En todo ello se pueden ver los esquemas que tenemos, como para darnos cuenta de cómo vemos el mundo.

 

Las psicoterapias nos permiten poder vernos a través del espejo del otro. En este caso, a través de un otro que entiende el funcionamiento de la mente (una psicoterapeuta), y que nos puede devolver una información muy valiosa sobre nosotros mismos. La toma de conciencia de estas partes que nos ocultamos a nosotros (autoengaños), nos permitirá entender mejor nuestras actitudes y en el mejor de los casos modificar aquellas cosas que no nos gusten (creencias) con un buen plan.

Nuestra personalidad es a una estructura de una casa lo que nuestras creencias a los ladrillos con las que está hecha esa casa. Con el matiz del dinamismo en el caso de la personalidad, porque nuestras estructuras mentales son plásticas y modificables, al igual que las creencias de las que están hechas.

Siempre recordando que “la felicidad no consiste en las muchas cosas poseídas, sino en la manera de gozarlas, aunque sean pocas”.

https://youtu.be/CZAz4NCUPck

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